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Intervención del Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón

Acto de firma del acuerdo de concertación para la recuperación de Asturias (CREA)

01/08/2020

Gracias por sus palabras y gracias también por haber contribuido a este logro, la firma de la Concertación para la Recuperación de Asturias. Este acuerdo es deudor de las aportaciones de las organizaciones que ustedes representan, pero también de su empeño particular. Se lo agradezco públicamente.

Cualquier persona atenta a la actualidad asturiana sabe que la concertación se ha convertido en una práctica habitual en nuestra comunidad. Desde 1988, cuando el presidente Pedro de Silva rubricó el primer pacto con UGT, CC OO y FADE, son ya nueve los alcanzados entre los gobiernos del Principado y los agentes sociales.

Con esta trayectoria a las espaldas, podemos afirmar que el diálogo social es una realidad permanente en Asturias. Que se ha mantenido con líderes políticos, empresariales y sindicales distintos en coyunturas también muy diferentes, algunas especialmente difíciles, como las fases más duras de la reconversión o la Gran Recesión. Es algo que debería enorgullecernos porque demuestra capacidad, madurez y compromiso.

El diálogo social, insisto, se ha hecho habitual en el Principado. Como ocurre con tantas otras cosas, a fuerza de habernos acostumbrado corremos el riesgo de caer en la tentación de quitarle importancia, de reducirlo a un ritual sin trascendencia. Sería un error, y más en este caso, porque lo que acabamos de firmar es un pacto excepcional para una situación excepcional.

Como la afirmación puede sonar pretenciosa, permitan que me detenga a explicarla. Que la situación es excepcional no ofrece dudas. La pandemia obligó a declarar el estado de alarma a mediados de marzo y hoy, primer día de agosto, cuatro meses y medio después, sabemos bien hasta qué punto no hemos pasado la página de la covid. Estamos conviviendo con el virus, sufriendo sus consecuencias, trabajando para reducir los contagios y evitar que la enfermedad vuelva a encerrarnos en nuestras casas y paralizar el país. Cuando el Gobierno de Asturias quedó prácticamente solo defendiendo la prolongación del estado de alarma en los territorios con peores datos tenía toda la razón. Cuando el Principado advertía que no habíamos vencido, que era imprescindible mantener la guardia alta y actuar con responsabilidad, acertamos. Ahora, cuando aplicamos medidas severas de prevención, también volvemos a hacer lo correcto. Entendemos el malestar de quienes se ven más afectados -¡cómo no entenderlo!-, pero nada puede prevalecer sobre la salud y la vida.

Recupero el hilo. Ustedes saben muy bien que esta concertación hubo de adaptarse a la emergencia sanitaria. Sobre la marcha, con las conversaciones ya iniciadas, tuvimos que “resetearnos” y hacernos a las hechuras que nos imponía este tiempo nuevo de incertidumbre. Sinceramente, creo que se ha trabajado con rapidez, a marchas forzadas para cerrar una concertación de urgencia. En este punto, agradezco especialmente la labor de todos los técnicos que, bien desde la Administración, la patronal o los sindicatos, han ayudado a avanzar hasta culminar los trabajos. Además, por parte del Gobierno de Asturias quiero hacer una mención especial al vicepresidente, Juan Cofiño; al consejero de Industria, Enrique Fernández, y, en particular, a Rosana Prada, directora general de Industria.

Dirán que no es necesario insistir en la excepcionalidad, que salta a ojos vista: sólo hace falta vernos este mediodía con las mascarillas puestas, preocupados de no juntarnos más de la cuenta. Pero hay algo más que quizá permanezca latente y debería emerger. Este acuerdo se firma cuando Europa (al menos, Europa) se encamina hacia una transformación de su paradigma industrial de mano de la transición ecológica. Es un proceso que tendrá una repercusión enorme en Asturias y que la crisis sanitaria no va a ralentizar, sino al contrario. Nunca como ahora hubo tanto convencimiento de que hemos de echar el freno a la degradación ambiental y el cambio climático. Por lo tanto, esta concertación se suscribe en un momento extraordinario por dos razones: por la incertidumbre sanitaria y por el desafío que aparejará el cambio del modelo sobre el que se ha basado el crecimiento de Asturias durante los dos últimos siglos. Por cierto, hace sólo unas semanas que hemos sellado otro acuerdo relevante, el de la Comisión Mixta para evaluar el Impacto de la Transición Energética, pionero en España.

Me gusta ser prudente con los adjetivos para no devaluarlos con el abuso, pero no creo que exagere si afirmo que en los próximos años viviremos transformaciones históricas. Me atrevo con algunas:

-la descarbonización ya citada, que irá acompañada del auge de energías verdes, y de la expansión de la movilidad eléctrica;

-el avance de la digitalización, que será imparable, junto con el aumento de la inversión en I+D+i;

-la recuperación del mundo rural, revalorizado estos meses como lugar de vida y trabajo;

-el empoderamiento de las mujeres, que se consolidará con el despliegue de nuevas políticas de igualdad;

-o el desarrollo de los servicios sociales y de la economía de los cuidados hasta una dimensión inimaginable hace pocos años.

No alargo la enumeración. Ya es suficiente para darnos cuenta de que nos espera todo un catálogo, un desplegable del porvenir. En ese salto al futuro tendrán un papel clave los nuevos fondos europeos, que Asturias debe aprovechar sí o sí al máximo posible porque no hay otra alternativa. De hecho, este documento será de mucha utilidad para elaborar el plan de transición que nos permita optar a esas ayudas.

Esta es la concertación para afrontar la gran transformación de Asturias. Con ese planteamiento, entiendo que es un ámbito adecuado para abordar y pensar la orientación estratégica de los fondos europeos a lo largo de los próximos ejercicios, una responsabilidad de primer orden. Estamos ante una gran oportunidad que necesita la máxima implicación política, social y económica.

Pero añadí que este acuerdo también era excepcional en su contenido y planteamiento. Explico por qué.


  • Porque es una concertación viva, que se revisará y adaptará a las circunstancias cambiantes que definen esta nueva normalidad que vivimos. Actuar con moldes rígidos en estos momentos sería un error.
  • Con ese criterio, y al contrario que otros acuerdos precedentes, que abarcaban toda la legislatura, éste tiene una vigencia a priori menor, hasta diciembre de 2021, posteriormente ampliable con acciones ajustadas a las circunstancias cambiantes que vivimos. Tanto el Gobierno como FADE y los sindicatos nos hemos comprometido a consensuar las acciones necesarias en 2022 y 2023.
  • Porque es un pacto amplio y nuevo que plantea realidades nuevas, como –y es sólo un botón de muestra- la creación de la Agencia de Ciencia e Innovación, para responder a las necesidades de adaptación y modernización de nuestras empresas. Es, además, la primera vez que ha incorporado una mesa específica para abordar la igualdad entre hombres y mujeres, una de las prioridades más destacables del Gobierno de Asturias.

Finalizo ya. He intentado resumir por qué considero que podemos hablar de un pacto excepcional para una situación excepcional. Sólo quiero enfatizar una última cuestión, y es la importancia del acuerdo en sí. Tenemos el ejemplo reciente del entendimiento sobre los fondos, un pacto difícil, alcanzado a base de renuncias mutuas, pero que nos ha devuelto la confianza en el gran proyecto europeo. Espero que la concertación sirva también de espejo para la política, porque los tiempos de incertidumbre y cambio que nos aguardan, que serán también los tiempos del futuro de Asturias, exigirán la máxima unidad posible. Les adelanto que el Gobierno del Principado tomará este pacto como fundamento y referencia para la negociación del presupuesto y de los acuerdos de reconstrucción. El Ejecutivo siempre estará dispuesto a trabajar con quienes quieran colaborar y sumar en la búsqueda de ese horizonte. La madurez y compromiso que han demostrado CCOO, UGT y FADE han de ser un estímulo para todos nosotros y nosotras.

Y termino con una última reflexión: a Asturias le sienta bien el diálogo. Somos un gobierno que ha hecho siempre del diálogo su bandera. Gracias al diálogo, aprobamos los presupuestos del año 2020. Gracias al diálogo pactamos una posición común en materia de financiación autonómica. Gracias al diálogo ya tenemos el informe que resume el impacto de la transición energética en Asturias. Gracias al diálogo nace esta concertación social, que tiene que ser la base para seguir acordando en base al diálogo.

Muchas gracias.


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