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Intervención del Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón

Repliegue parcial del hospital de campaña del HUCA

11/06/2020

El mes próximo cumpliré un año en la presidencia del Gobierno de Asturias. Cuando asumí el cargo tenía muchas cosas en la cabeza. No me refiero al programa electoral, sino a las ilusiones, a las expectativas y también a las aprensiones: con qué situaciones me vería, cómo sería capaz de encararlas, qué podría ocurrir durante mi mandato. En fin, a todo el remolino apresurado de ideas y sentimientos que le envuelven a uno en ese tipo de circunstancias.

Tenía muchas cosas en la cabeza pero nunca, se lo aseguro, me imaginé en estas circunstancias. Jamás pensé en la posibilidad de asistir al repliegue parcial de un hospital de campaña en el Hospital Universitario Central de Asturias. Pero la realidad manda y ocurre que hoy, cuando no han pasado siquiera once meses completos de mi toma de posesión, estoy aquí, en un parking del HUCA, para agradecer públicamente la colaboración de las fuerzas armadas, de la guardia civil y de la policía nacional.

Inicio mis palabras con esta pequeña confesión personal porque creo que, de algún modo, resume también lo que nos ha pasado como sociedad. Si obviamos los relatos de ciencia ficción, nadie contaba con que esto pudiera suceder, con una pandemia que sumase miles de muertes, forzase un confinamiento general y obligase a reducir la actividad económica. Nadie estaba preparado para algo semejante.

Ha sucedido, está ocurriendo, un hecho excepcional e imprevisto. Un acontecimiento que marcará un hito histórico y que nos está poniendo a prueba. Una de las grandes preguntas que podemos hacernos es precisamente esa, tan simple en su expresión y tan cruda en la interrogante que plantea: ¿hemos sabido responder, hemos estado a la altura?

Cada uno la contestará como considere, por supuesto, pero voy a arriesgarme con dos afirmaciones que, en mi opinión, hacen justicia a este acto. Por un lado, el Estado ha funcionado. Con el Estado me refiero ahora a la comunidad social y a los poderes públicos, incluidas las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad. El despliegue que han realizado estos meses para vigilar el cumplimiento del estado de alarma, para multiplicarse en labores de desinfección en las calles, en las residencias y allí donde hiciera falta; el esfuerzo que han hecho para colaborar con los profesionales sanitarios en el combate del coronavirus merece todo el reconocimiento. Para gran parte de la sociedad se ha hecho evidente la gran, y a menudo minusvalorada, dimensión humanitaria de la tarea de nuestros militares, guardias y policías.

La delegada del Gobierno lo sabe. Sabe que el Ejecutivo del Principado está orgulloso de la reacción y la capacidad de la policía nacional, de la guardia civil y de las fuerzas armadas. En este acto tengo la oportunidad de decírselo personalmente. Lo mejor, lo destaco sin falsa modestia, no es que yo esté orgulloso, sino que toda Asturias les está agradecida. A la pregunta que antes planteaba ustedes pueden responder que sí, que han estado a la altura.

Esa era la primera afirmación. Me queda la segunda. Este hospital de campaña se levantó cuando no había pasado siquiera una semana desde la declaración del estado de alarma. El consejero de Salud no me dejará mentir. Aquellos días, cuando estábamos descubriendo la enormidad del desafío al que nos enfrentábamos, una de las preocupaciones constantes del Gobierno de Asturias, una obsesión cotidiana, era no vernos desbordados, un riesgo que podía ocurrir y que de hecho ocurrió, por desgracia, en otras comunidades autónomas. Bajo ningún concepto podíamos consentirnos que se hiciera realidad la hipótesis del colapso sanitario. Había que decidir sobre la marcha y anticipar acontecimientos, poniéndonos siempre en el peor de los escenarios.

Este hospital es el resultado de ese tipo de decisiones. Como hablo ante mandos militares, policiales y sanitarios no hace falta subrayar la importancia de decidir con rapidez y de contar con equipamientos adecuados cuando sobreviene una emergencia. La anticipación ha salvado vidas en Asturias y disponer este tipo de instalaciones –al igual que el hospital levantado en el recinto Luis Adaro, en Gijón- ha sido un acierto que ha reforzado nuestra capacidad de respuesta sanitaria (pienso que cuando no ha sido necesario utilizarlas el acierto ha sido doble, porque el sistema de salud funcionó y porque estábamos preparados para la contingencia).

A toro pasado se aciertan todas las quinielas, se ganan todas las batallas y se solucionan todos los problemas. Ahora abundan los adivinos del pasado, pese a que el oficio no tenga gran mérito. Entiendan que dedique el tiempo justo a mirar por el retrovisor porque aún falta muchísimo trabajo. El desafío al que continuamos enfrentándonos –e, insisto, no un gobierno en particular, sino la sociedad en su conjunto- es mayúsculo. Sn duda, se han cometido errores y negarlos carece de sentido. Ante una emergencia de este tipo, cuando aún hoy no conocemos con exactitud al coronavirus, cuando hay controversias científicas casi a diario sobre los tratamientos más adecuados, los fallos resultan poco menos que inevitables y hay que tener la valentía de reconocerlos.

Pero también sabemos cosas muy importantes. Sabemos, por ejemplo, que debemos cuidar especialmente a las personas mayores y volcar los máximos esfuerzos en intentar evitar que el virus entre en las residencias, donde tanto daño provoca. Sabemos cómo prevenir los contagios y que una sola irresponsabilidad individual puede provocar un brote epidémico. Sabemos también que tenemos un sistema sociosanitario potente, trabado, formado por personas que han acreditado una entrega admirable. No sobra recordarlo aquí, en el centro que es el buque insignia de nuestra sanidad y cuyo laboratorio de microbiología nos ha permitido realizar un altísimo número de pruebas PCR, las más fiables para la detección del virus.

Sabemos, en fin, que somos capaces de reaccionar como sociedad, cada uno cumpliendo con su deber y contribuyendo al bien común. Y que para ofrecer esa buena respuesta en una situación de crisis contamos con las fuerzas armadas, la guardia civil y la policía, que han demostrado su vocación de servicio y su dedicación con las características de eficacia y discreción que les son propias.

Por eso, mis últimas palabras son, de nuevo, un reconocimiento: en el nombre del Gobierno de Asturias, gracias.


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